El circulo carmesi
El circulo carmesi Beardmore rió suavemente y, tras entrar en la casa, regresó con un bastón.
—Voy a dar un paseo, Jack. No, no hace falta que me acompañe, Yale. Hay una o dos cosas sobre las que me gustarÃa reflexionar y le prometo que no saldré de la finca, aunque, en mi opinión, le da usted demasiada importancia a las amenazas de esos rufianes.
Yale movió la cabeza en un gesto negativo.
—¿Y qué pasa con el signo en el árbol? —preguntó.
Jim Beardmore resopló desdeñosamente.
—Necesitarán algo más que eso para sacarme cien mil —dijo.
Se despidió de ellos con la mano mientras descendÃa los amplios escalones de piedra; ambos contemplaron cómo caminaba lentamente por el parque.
—¿De veras cree que mi padre corre algún tipo de peligro? —preguntó Jack.
Yale, que habÃa estado siguiendo su figura con la mirada, se volvió sobresaltado.
—¿Peligro? —repitió y, tras vacilar durante un segundo, dijo—: SÃ, creo que le aguarda un peligro muy grave dentro de uno o dos dÃas.
Jack dirigió su inquieta mirada hacia la figura que ya desaparecÃa.
—Espero que esté equivocado —dijo—, papá no parece tomarse el asunto tan en serio como usted.