El circulo carmesi
El circulo carmesi Lo primero que advirtió al abrir la puerta fue que el buzón estaba vacío. Era un buzón muy amplio, con un marbete[104] que disponía de un mecanismo diseñado de modo que ningún rufián pudiera echar mano desde fuera a cualquier cosa del interior. Aquella jaula de alambre llegaba casi hasta el suelo; las cartas que caían por la abertura de la puerta habían de pasar por unas hojas rotatorias de aluminio, lo cual lograba poner la carta fuera del alcance del ratero. ¡Y el buzón estaba vacío! No había ni una simple hoja de propaganda.
Cerró la puerta sigilosamente y entró en su despacho. No hizo más que dar un paso hacia el interior y se detuvo. Todos los cajones del escritorio estaban abiertos.
La pequeña caja de caudales, embutida en la pared junto a la chimenea y oculta a la vista por el revestimiento de la madera, había sido forzada. Miró debajo del escritorio. Había allí un pequeño compartimento que sólo un experto habría podido encontrar y que era donde Derrick Yale guardaba los documentos relacionados con el Círculo Carmesí más esenciales. No vio más que una tabla rota en el suelo y la señal del escoplo con que se había desclavado.