El circulo carmesi
El circulo carmesi —¿Quiere usted decir —protestó Parr con excitación—, que un hombre puede coger un casquillo con la mano y averiguar el aspecto de la persona que lo manipuló por última vez y lo que estaba pensando? ¡Es absurdo!
—Nada es absurdo —dijo el comisario con tranquilidad—. La ciencia de la psicometrÃa se ha practicado durante años. Determinadas personas, especialmente sensibles en sus impresiones, son capaces de averiguar las cosas más extraordinarias, y Yale es una de ellas.
—Él estaba allà cuando se cometió el asesinato —replicó Parr—. Estaba con el hijo de Beardmore, a menos de cien yardas de distancia, y, aún asÃ, no capturó al asesino.
El comisario asintió.
—Tampoco usted —dijo—. Hace doce meses me expuso su proyecto para acabar con el CÃrculo Carmesà y yo le di mi consentimiento. Opino que ambos hemos depositado en ello más confianza de la debida. Tendrá que cambiar de plan. Odio tener que decirlo, pero asà es.
Parr no contestó durante un tiempo y después, para sorpresa del comisario, arrimó una silla al escritorio y se sentó sin haber sido invitado a ello.
—Coronel —dijo—, voy a contarle algo.
Estaba tan serio que el comisario, acostumbrado a la forma de ser de Parr, sólo pudo mirarlo con asombro.