El circulo carmesi
El circulo carmesi —La banda del CÃrculo Carmesà no es difÃcil de atrapar. Puedo encontrarlos a todos y lo haré si me da un poco más de tiempo. Lo que necesito es el eje de la rueda. Si logro dar con el eje, los radios no cuentan.
Pero tiene que concederme algo más de autoridad de la que he tenido hasta la fecha.
—¿Algo más de autoridad? —preguntó el asombrado comisario—. ¿Qué diablos quiere decir?
—Me explico —dijo el bovino señor Parr. Y se explicó con tal determinación, que dejó al comisario silencioso y absorto.
Tras abandonar el edificio de la policÃa, el primer inmueble visitado por Parr fue una oficina situada en el centro de la ciudad. En la tercera planta, en un diminuto apartamento que sólo se distinguÃa del resto por el nombre de su ocupante, lo esperaba el señor Derrick Yale[24]. No cabÃa imaginar un contraste mayor entre los dos hombres: Yale, un soñador sensible, nervioso e irritable; Parr, sólido, fornido y aparentemente incapaz de pensar por sà mismo.
—¿Cómo le fue en su entrevista, Parr?
—No muy bien —dijo Parr con pesar—. Creo que el comisario la ha tomado conmigo. ¿Ha descubierto algo?