El circulo carmesi
El circulo carmesi —He descubierto a su hombre del dolor de muelas —fue su asombrosa respuesta—. Su nombre es Sibly, un marinero que fue visto en las cercanÃas de la casa al dÃa siguiente. Ayer —cogió un telegrama—, fue arrestado por embriaguez y alteración del orden público, y le hallaron encima una pistola automática. En mi opinión se trata del arma del crimen, ya que, como recordará, la bala que le fue extraÃda al pobre Beardmore fue disparada con una pistola automática, sin duda alguna.
Parr lo miraba boquiabierto.
—¿Cómo ha averiguado todo eso? Derrick Yale rió suavemente.
—Usted no tiene demasiada fe en mis deducciones —dijo, con un chispazo de humor en sus ojos—, pero cuando palpé aquel casquillo estaba tan seguro de poder ver a aquel hombre como lo estoy de verlo a usted ahora mismo. Envié a uno de mis subordinados a hacer pesquisas, con estos resultados —y acto seguido le mostró el telegrama.
El señor Parr permaneció en pie, con el ceño tan fruncido, que descartaba cualquier aspiración a la belleza que pudiera tener.
—De modo que lo han cogido —dijo suavemente—. Me pregunto entonces si fue él quien escribió esto.