El circulo carmesi
El circulo carmesi Parr se sentó en el borde de la silla más cercana, dejando cuidadosamente su sombrero hongo sobre la rodilla.
—Pensé que debÃa esperarlo hasta que bajara, señor Marl. El motivo de mi visita es el asesinato de Beardmore.
Marl no dijo nada. Con gran esfuerzo consiguió dominar el temblor de sus labios y adoptó, según creÃa él, un aire de complaciente interés.
—¿ConocÃa bien al señor Beardmore?
—No muy bien —replicó Marl—. En realidad, sólo mantuvimos relaciones comerciales.
—¿HabÃa tratado con él anteriormente?
Marl vaciló. PertenecÃa a esa clase de personas en quienes la mentira se impone irremediablemente y la costumbre natural de su ánimo era decir exactamente lo contrario a la verdad.
—No —admitió—. Lo vi hace años, pero fue antes de que se dejara barba.
—¿Dónde estaba el señor Beardmore cuando usted se aproximaba a la casa? —preguntó Parr.
—Estaba en la terraza —replicó Marl, con énfasis innecesario.
—¿Y usted lo vio?
Marl asintió.