El circulo carmesi
El circulo carmesi —Me han dicho, señor Marl —continuó Parr, bajando la mirada hacia su sombrero—, que por alguna razón sufrió usted un sobresalto… El señor Jack Beardmore me dijo que le pareció usted momentáneamente paralizado por el terror. ¿Cuál fue la causa de esto?
El señor Marl se encogió de hombros y forzó una sonrisa.
—Creo haber explicado que se trataba de un pequeño ataque cardÃaco. Soy propenso a ellos.
Parr le dio la vuelta a su sombrero para poder mirar su parte interior y no alzó la vista cuando hizo su siguiente pregunta:
—¿No fue la causa el ver al señor Beardmore?
—Claro que no —dijo el otro con decisión—. ¿Por qué habrÃa de tener miedo al señor Beardmore? He mantenido abundante correspondencia con él y lo conocÃa casi tan bien como…
—Pero hacÃa años que usted no trataba con él…
—HacÃa años que no lo habÃa visto —corrigió Marl, irritado.
—¿Y la causa de su agitación fue simplemente un ataque cardÃaco, señor Marl?
—Exacto —la voz de Marl no carecÃa de fuerza—. HabÃa olvidado ese ataque insignificante hasta que usted me lo recordó.