El circulo carmesi
El circulo carmesi —Hay otra cuestión que me gustarÃa aclarar —dijo el detective. Su atención se habÃa vuelto a centrar en su fascinante sombrero, al que mecánicamente daba vueltas y más vueltas hasta hacerlo parecer una batidora—. Cuando acudió a la casa de Beardmore, llevaba usted unas botas de charol puntiagudas.
Marl frunció el ceño.
—¿De veras? No lo recuerdo bien…
—¿Dio usted algún paseo por la finca, aparte de la caminata que tuvo que hacer desde la estación de ferrocarril?
—No.
—¿Y no caminó alrededor de la casa para admirar…, ejem…, su arquitectura?
—No, no lo hice. Sólo estuve unos minutos en la casa y después me marché en automóvil.
El señor Parr alzó sus ojos hacia el techo.
—¿SerÃa mucho pedir —le pidió en tono de disculpa—, que me mostrara las botas de charol que llevaba aquel dÃa?
—En absoluto —contestó Parr, levantándose con presteza.
Se ausentó de la estancia unos minutos y regresó con un par de botas de charol, puntiagudas y alargadas.
El detective las cogió y examinó sus suelas detenidamente.