El circulo carmesi
El circulo carmesi El caballero que se sentaba frente a él en su pulcro despacho parecÃa un personaje totalmente trivial. Era un individuo corpulento que respiraba ruidosamente, de cuerpo flácido, debido a la vida relajada e indulgente que llevaba. No parecÃa inquieto, con las manos cruzadas sobre el amplio chaleco.
—Mi querido Marl —la voz del banquero era suave y casi acariciante—, a veces pone a prueba mi paciencia. Y no hablemos de los estragos que está causando usted a mis recursos.
El hombretón rió entre dientes.
—Le inspiro a usted confianza, Brab…, y una seguridad excelente, viejo. ¡No puede negarlo!
Los blancos dedos del señor Marl teclearon una melodÃa sobre el borde de su escritorio.
—Usted quiere embarcarme en proyectos disparatados y he sido lo bastante loco hasta ahora como para financiarlos —dijo el banquero—. Hay que poner fin a un desatino semejante. Usted no necesita mi ayuda. Su saldo alcanza las cien mil libras, sólo en este banco.
Marl volvió la vista hacia la puerta y se inclinó hacia delante.