El circulo carmesi
El circulo carmesi —Le contaré una historia —murmuró—. Una historia sobre un joven administrativo pobre, que se casó con la viuda de Seller, del banco Seller. TenÃa la edad suficiente para ser su madre y murió repentinamente…, en Suiza. Se cayó por un precipicio. ¿No iba yo a saberlo? ¿Acaso no estaba yo tomando fotografÃas de aquel maravilloso paisaje montañoso? ¿Alguna vez le enseñé la imagen de aquel accidente, Brab? ¡Usted aparece en ella! ¡SÃ, allà está usted, a pesar de que declaró ante el juez que se hallaba a millas y millas de allÃ!
El señor Brabazon miraba fijamente su escritorio. No movió un solo músculo de su cara.
—Además —añadió el señor Marl, en un tono más normal—, puede permitÃrselo. Está preparando otro enlace matrimonial… Ésa es la expresión, ¿no?
En banquero alzó los ojos y frunció el ceño.
—¿Qué quiere decir? —preguntó.
Evidentemente, el señor Marl se divertÃa. Se dio una palmada en la rodilla, sofocado por la risa.
—¿Qué me dice de la persona con la que se reunió en la plaza Steyne la otra noche…, la que estaba en aquel coche cubierto? ¡No lo niegue! ¡Lo vi! Bonito coche, sà señor.