El hombre siniestro
El hombre siniestro —¿Quién ha dado la luz? —preguntó el detective—. ¡Oh, mire!
Maurice Tarn estaba hundido en su sillón, con la cabeza echada hacia atrás. En su chaleco blanco, sucio y astroso, se veÃan manchas de sangre aún fresca, y de su pecho ensangrentado surgÃa el mango negro de un puñal.
—¡Muerto! —exclamó Hallam aterrado—, ¡Le han matado… precisamente mientras nosotros estábamos aquÃ!
Por toda respuesta, el detective lanzó un débil grito de sorpresa, y el doctor, siguiendo la mirada atónita del otro hombre, miró también hacia un rincón.
AllÃ, en el fondo de la habitación, acurrucada entre dos muebles, habÃa una muchacha. Su ropa y sus cabellos estaban en desorden, y tenÃa uno de los hombros de la blusa roto. Por su pálido rostro corrÃa un hilillo de sangre.
¡Horror!
Aquella muchacha era… ¡Elsa Marlowe!