El hombre siniestro
El hombre siniestro —Esto ha ocurrido en el comedor —continuó diciendo la muchacha—; luego, mi tÃo me ha cogido por un brazo y me ha llevado casi a rastras a su despacho. Creà que estaba borracho y que habrÃa estado bebiendo mucho antes de volver a casa, como solÃa hacer a menudo. «¡Siéntese usted ahÃ! —me ha gritado señalando un sillón—; no se marchará usted esta noche, ¿lo entiende?». Yo he intentado hacerle entrar en razón, pero él estaba como loco y no he tenido más remedio que permanecer allÃ, quieta, mirándole beber vaso tras vaso de coñac, y tratando de encontrar la ocasión de escaparme del despacho. Una vez me ha parecido que se habÃa quedado dormido, y me he levantado silenciosamente para salir. Pero él ha abierto los ojos y me ha empujado hacia un rincón del fondo, entre dos muebles. Yo estaba aterrada, como no lo he estado en mi vida. Pensé que se habÃa vuelto loco, y en realidad lo podrÃa jurar.