El hombre siniestro
El hombre siniestro —En efecto, señorita. Siga usted. Cuando el desconocido ha enfocado a su tÃo con la linterna, ¿se ha despertado mister Tara?
—No, se ha movido un poco… y hablaba como si soñara en voz alta. Entonces la luz se ha apagado. Yo no me atrevÃa a moverme, pensando que serÃa un ladrón. Y en aquel momento he oÃdo las voces de ustedes, que subÃan por la escalera. Eso es todo lo que sé.
—¿Usted no ha visto al desconocido apuñalar a su tÃo?
—No, señor. Era imposible ver nada en la habitación.
El detective se rascó la barbilla, comentando:
—¡Ya me parecÃa que se trataba de un criminal fino! Debe de haber matado al pobre viejo estando yo a dos pasos. ¡Me puedo preparar si esto trasciende a los periódicos!
Miró con desconfianza a la muchacha, y añadió:
—Necesito su declaración, como es lógico, y su testimonio. Quisiera saber dónde piensa usted ir, para poder ponerme en contacto con usted en cualquier momento. ¿Por qué no va a un hotel?
—Pediré una habitación para usted en el Palace Hotel —dijo Ralph Hallam amablemente.