El hombre siniestro
El hombre siniestro Tenía interés especial en que la policía no visitara Herbert Mansion y en que el nombre de su mujer no saliera a relucir para nada, temeroso de que se descubriera su separación. Elsa debió de pensar que Ralph quería evitar molestias y disgustos «a su cuñada», y aceptó, desde luego, la idea del doctor.
En este momento entraron en la casa el agente y otro compañero. Frente a la casa se había formado un pequeño grupo con esa curiosidad malsana de la muchedumbre cuando presiente un crimen. Bickerson comunicó la noticia a Scotland Yard, y mientras esperaban que llegaran los expertos en huellas dactilares y los fotógrafos, el detective empezó a hacer un detenido examen del despacho.
Éste estaba modestamente amueblado. Una alfombra verde muy usada en el suelo, una mesa-escritorio, dos o tres sillas y una vieja librería eran los muebles principales. En una pared pendía un cuadro de la época victoriana. También había una especie de pie de gramófono que, tras examinarlo con más detención, el detective comprendió que era una pequeña caja de caudales.