El hombre siniestro
El hombre siniestro —¡Estaba con usted! —se atrevió a decir Elsa; en tono de desafÃo y con gran sarcasmo.
—De haber estado conmigo Feng Ho, la historia que usted cuenta serÃa verosÃmil, porque yo estaba precisamente cerca de la casa de ustedes cuando ocurrió el crimen; pero Feng Ho estaba a esas horas a muchos kilómetros de Londres. Está usted confundida, o es que le han montado alguna trampa.
—¿Qué me dice usted entonces del sombrero de Feng Ho?
—¿Cómo su sombrero? ¿Qué quiere usted decir?
El mayor Amery se puso en pie.
—No sé si hago bien en decÃrselo a usted, pero la policÃa ha encontrado el sombrero del chino. Y. precisamente, un chino sin sombrero fue visto saliendo de la casa.
Un relámpago de inquietud, una especie de luz siniestra, brilló un instante en los ojos de Amery; pero en seguida desapareció.
—¿De veras? —preguntó al fin—. Bien, en ese caso, será de otro chino, porque yo sigo creyendo que usted está confundida, miss Marlowe.