El hombre siniestro

El hombre siniestro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El doctor pensó en Elsa Marlowe. A menos que el viejo hubiera escondido o llevado su dinero a otro sitio, la muchacha iba a ser tan rica como el médico, si se repartían la suma. Pero Hallam no pensaba partir el dinero con Elsa, y rechazó la idea en cuanto se le ocurrió. Todo el dinero que estaba depositado en la gran caja fuerte verde de la Stanford Corporation le pertenecía a él, o estaba bajo su custodia, y ningún heredero de Maurice Tarn tenía derecho alguno sobre él. Quizás el doctor diera a la muchacha mil o dos mil libras, si llegaba el caso, pero rechazaba la idea de repartir el dinero con nadie.

De todos modos, ahora faltaba saber si el muerto había dejado algún testamento o mandato y surgía por algún lado una demanda judicial.

Acababa de regresar Elsa de la oficina, cuando oyó que llamaban al teléfono, y al coger el auricular reconoció la voz del doctor.

—Quiero que venga usted a almorzar conmigo —le dijo el médico—. Voy a decirle algo de su tío.

La muchacha acogió la invitación con gran alegría, porque llevaba un día agotador.

—En seguida voy para allá —contestó.

—¿Ha visto usted a Bickerson? —preguntó el doctor.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker