El hombre siniestro
El hombre siniestro —¿Ah, s� ¿Cuándo fue eso?
—Hace dÃas. Por cierto que me sorprendió mucho.
—Naturalmente, usted le contestó que no sabÃa nada.
—Claro. ¿Y mi tÃo? ¿Estaba enterado de eso?
—SÃ, su tÃo llevaba algunos negocios particularmente. Y con éxito, además; pero Amery se los echó abajo. Yo no me atreverÃa a decir que sus negocios eran muy honorables, porque precisamente su tÃo empezaba a hacer la competencia a la firma que le tenÃa empleado. Pero la verdad es ésa. Yo intenté disuadirle de la idea, pero ya sabe usted el carácter que tenÃa mister Tarn… y siguió adelante.
—En ese caso… ¿quiere usted decir que mi tÃo era de la Stanford Corporation? ¿Qué es eso?
—Es una firma de importadores o algo por el estilo. Yo estuve una vez en las oficinas, y su tÃo me dijo que guardaba en la caja fuerte una serie de documentos que no le gustarÃa que nadie viese. He estado pensando todo el dÃa en ello, y al fin he decidido que lo mejor que podemos hacer, en honor y recuerdo del pobre difunto, es sacar esos papeles de allà antes de que la policÃa los descubra. No quisiera que el nombre del pobre Tarn se viera deshonrado ahora.
Elsa miró al doctor, y luego dijo: