El hombre siniestro
El hombre siniestro Hallam le dio una cifra y el otro la anotó en su bloc.
—Bien, ya está —dijo—. Y ahora, déjeme que le haga una pregunta. Iba a telefonearle, pero luego he pensado que serÃa mejor no molestarle. DÃgame: ¿quién es Amery?
—¿Amery? —repuso Hallam—. Se refiere usted, desde luego, a Paul Amery, ¿no? ¡Yo creÃa que usted le conocÃa!
Mister Tupperwill asintió, respondiendo:
—SÃ, sÃ, le conozco. Escúcheme: quebrantando todas las costumbres del Banco, le diré que mister Amery tiene aquà una cuenta importante. Vino muy bien recomendado… pero yo me inclino a cerrarla.
—¿Por qué? —preguntó el doctor muy sorprendido.
Mister Tupperwill pareció luchar ahora consigo mismo, y al fin respondió:
—Nosotros no queremos tener negocios dudosos con nuestros clientes, ni remotamente. Mis directores y colegas del banco no me perdonarÃan nunca si yo permitiera que el banco fuera utilizado para asuntos ilÃcitos fuera del comercio. ¿Comprende?
El doctor sonrió levemente, recordando las veces que él habÃa realizado negocios ilÃcitos con ayuda del banco sin éste saberlo… y luego preguntó:
—¿Por qué sospecha usted del mayor Amery?