El hombre siniestro
El hombre siniestro Pero el doctor le miró con los ojos tan abiertos que el otro hombre se interrumpió, mientras Hallam decía:
—¿Cómo? Pero ¿no lo sabe usted? ¿No ha leído la prensa de esta mañana?
—¿Por qué lo dice? ¿Es que le ha ocurrido algo a mister Tarn? No, hoy no he leído la prensa todavía.
—Mister Tarn fue asesinado anteanoche, precisamente delante de mí —repuso Hallam.
El banquero retrocedió un paso, aterrado.
—¡Dios mío! ¿Es posible? ¿Qué dice usted?
—Lo que oye. Le asesinaron anteanoche, precisamente delante de mí, ya le digo. Me extraña que no sepa usted nada, porque viene en todos los periódicos.
Mister Tupperwill puso cara de asombro y extrañeza, y murmuró:
—De haberlo sabido, amigo mío, no le hubiera molestado a usted con esa carta. Por lo demás, yo apenas leo los periódicos, y mi ayuda de cámara, que es el que me informa de los sucesos, está ahora ausente de Londres porque tiene a su madre enferma. ¡Es horrible! ¡A ver, cuénteme lo ocurrido!
Hallam le hizo un breve resumen de la tragedia, que el otro escuchó en silencio.
—¿Y se sospecha quién era el hombre que estaba en la habitación, el criminal, quiero decir?