El hombre siniestro
El hombre siniestro —SÃ, se sospecha. Pero, desgraciadamente, el individuo del que se sospecha, y que yo estoy seguro que es el asesino, ha podido demostrar su inocencia, de momento, al menos. Le detuvieron anoche, al regresar del Midlands. Por desgracia, llevaba puesto el sombrero que la policÃa pensaba que habÃa perdido, y ha podido demostrar asà su inocencia. Se sospecha de un chino, un tal Feng Ho; pero el granuja probó que a la hora en que se cometió el crimen estaba en la comisarÃa de Birmingham registrando sus papeles de extranjero. Lo cierto es que todos los chinos se parecen, y yo no creo que el chino que estaba a esa hora en la comisarÃa fuera Feng Ho.
—¿Cómo Feng Ho? —preguntó ahora el banquero, en el colmo del asombro—. ¿No querrá usted decir Feng Ho, el del mayor Amery?
—Ah, ¿le conoce usted? ¡SÃ, ahora recuerdo que usted me habló de él! Es el chino aquel que vimos al salir de Fornos.
La turbación de mister Tupperwill era ahora completa, y exclamó:
—Bueno, yo le conozco porque vino un dÃa al banco con el mayor Amery, a cobrar un cheque. ¡Feng Ho! Es la cosa más asombrosa que he oÃdo en mi vida. ¿Y qué ha sido de la pobre muchacha?
—Tengo entendido que queda bastante bien —repuso Hallam en tono evasivo.