El hombre siniestro

El hombre siniestro

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Mientras prestaba juramento, Hallam no vio a Elsa; pero al descubrirla pudo deducir por su palidez que ya había prestado declaración. La del doctor duró hasta casi las cinco, y hasta que salieron no pudo hablar a la muchacha.

—Perdóneme, querida Elsa —comenzó diciendo—, si anoche estaba hecho un ogro con usted; pero me encontraba extremadamente nerviosa.

—Yo también lo estaba —repuso la joven, sonriendo levemente.

El doctor presentó al banquero:

—Permítame que le presente a mi excelente amigo mister Theophilus Tupperwill. Ésta es miss Marlowe.

El banquero estrechó la mano de la muchacha, envolviéndola en una mirada de simpatía, y comentó en tono triste:

—¡Yo conocía a su pobre tío! Y ya no le veré más… Porque, como dijo Shakespeare…

Y. citando al gran dramaturgo, se despidió.

—¿Quién es? —preguntó entonces Elsa.

—Tupperwill —repuso el doctor—. El director del Banco Stebbing… un buen tipo, excelente amigo mío. ¿Irá usted a casa de Louise esta noche?

—No; tengo que volver a la oficina.

—¿Cómo? ¿Quiere usted decir a la oficina de Amery? ¿Es que la espera el mayor esta noche?


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