El hombre siniestro
El hombre siniestro Las llevó a una habitación, donde se abrían tres puertas. Abrió una, indicándoles con la mano que esperaran, y desapareció. A los pocos instantes volvió a aparecer, invitándolas a que pasaran.
Elsa entró detrás del mayor, la primera.
Con gran sorpresa, vio que se trataba de un pequeño dormitorio, que debía de ser de un criado. Había una cama, un par de sillas y un armario. Pero, de pronto, se estremeció, porque en la cama acababa de descubrir a un hombre, el cual miró a la muchacha con gran asombro.
El hombre tenía el rostro lívido, la cabeza y una mano vendadas, y al cabo de unos segundos, saludó alegremente a la muchacha, exclamando:
—¡Extraordinario!
—Tengo el gusto de presentarles a mister Theophilus Tupperwill, el famoso banquero —dijo con una sonrisa de felino, el mayor Amery.