El hombre siniestro
El hombre siniestro Y se dirigió al armario.
La puerta de éste estaba entreabierta. Elsa la abrió del todo y encontró, tal como esperaba, papel, material y objetos de escritorio. De pronto, algo llamó la atención de la muchacha: era una especie de bastón corto, como una porra, que ella reconoció como hecho de piel de rinoceronte, una piel especial a la que los indígenas llaman Sjambok. Su tío, mister Tarn, había poseído uno semejante, hecho de aquella misma piel, de una longitud de unos cincuenta centímetros a lo sumo y bastante grueso. La muchacha no le hubiera dado importancia al hallazgo a no ser porque el bastón estaba sobre una pila de papeles en blanco, y sobre la hoja de encima se veían unas manchas obscuras. Abrió más el armario, y entonces pudo darse cuenta de que las manchas eran de sangre. En seguida, sin querer decir nada a miss Dame, cogió el papel y el bastón y los acercó a la luz. ¡Horror: las manchas eran de sangre, en efecto, y las que había en el bastón todavía eran frescas!