El hombre siniestro
El hombre siniestro —Y yo también, Elsa —contestó el doctor con serenidad—. No se alarme usted. Era un negocio como otro cualquiera… No se le puede culpar, por ejemplo, a un cosechero o almacenista de vinos, cerveza o whisky, porque haya gente que se emborrache, ¿verdad?
—AsÃ… ¿Soyoka… es el mayor Amery. Ralph?
—Bueno, o es Soyoka o el jefe de la banda de Soyoka.
—¿Y mister Tupperwill?
—¡Oh, Tupperwill no pinta nada! —respondió Hallam con cierta impaciencia—. Tupperwill es mi banquero, y ha dado la casualidad de que también es el banquero de Amery. Me dijo que no le gustaba tener en su banco la cuenta del mayor. Ésta es una de las cosas que me ha dicho. Amery lo ha sabido y su banda le ha querido dar esta noche una lección. Y yo jurarÃa, ya lo verá usted que mañana mismo Amery retira su cuenta del Banco Stebbing y se lleva todas las cosas de la caja de seguridad que tiene alquilada allÃ.
—¡Es horrible! —murmuró Elsa medio muerta de angustia y de sorpresa—, ¡Quién iba a pensar…! Pero dÃgame. Ralph, el dinero de mi tÃo… el dinero que él ganaba… y usted…
El doctor contestó, con ira reprimida: