El hombre siniestro
El hombre siniestro —¡Eso no importa, Elsa! Ya le digo que era un negocio como otro cualquiera. Fuera de la ley, si usted quiere, pero como muchos. ¡Si habláramos de cómo hacen su dinero más de cuatro!
—Era un negocio ilegal, desde luego —dijo la muchacha como si hablara consigo misma, al tiempo que se levantaba—. Bien. Pensaré en esto. ¡Qué horrible pesadilla! Bueno, adiós. Ralph.
Miss Marlowe se dirigió a su habitación, dando la entrevista por terminada.