El hombre siniestro
El hombre siniestro Elsa regresó aturdida a su despacho y, mientras trabajaba, se decÃa que la muchacha que la sucediera en el cargo de secretaria de Amery tendrÃa que ser una mujer ruda e irrespetuosa, que le abriera las cartas, los paquetes… ¡Ese hombre se merecÃa encontrar la horma de su zapato!
Al poco rato sonó de nuevo el timbre del tirano, y Elsa entró en la cueva de la fiera.
—He olvidado una carta —le dijo—. ¡Tenga!
Elsa volvió a su máquina, y leyó, antes de ponerla en limpio, esta carta:
Muy señor mÃo: Le comunico que con fecha de hoy retiro mi cuenta en ese Banco Stebbing, y le ruego tenga la bondad de ordenar que mi balance sea transferido a mi cuenta en el Northern & Midland. Esta carta autoriza además al portador para recoger el contenido de mi caja de seguridad alquilada en ese banco. El recibo del portador, mister Feng Ho, es válido como el mÃo.
Muchas gracias, y quedo suyo s. s.
»Paul Amery».
Cuando Elsa acabó de copiar esta carta, se dijo que todas las previsiones que le habÃa hecho el doctor Hallam la noche anterior se iban cumpliendo. Amery retiraba su cuenta del Banco Stebbing.