El hombre siniestro
El hombre siniestro Elsa sonrió, no queriendo hablar de «su tÃo», que para ella resultaba tan desagradable como el mismo Amery. La gente de la empresa creÃa que mister Tarn y Elsa eran tÃo y sobrina, y la joven no querÃa disuadir a nadie de ello.
—¡Bueno! —dijo Elsa— quizá sea porque no le conocemos mucho. Ya nos iremos acostumbrando a él poco a poco. La gente joven siempre molesta en las oficinas, y quizá tampoco conoce mucho el negocio. Dicen que era muy rico, allá en la India. Yo creo que…
Se detuvo, pensando que tal vez iba demasiado lejos. No podÃa hablar a miss Dame de las cartas que le dictaba mister Amery, por cierto en un código especial.
—Mister Tarn está muy enterado de las cosas de mister Amery —dijo miss Dame—. Ayer estuvieron discutiendo varias horas. ¡Armaron un gran escándalo!
—¿Se pelearon? —preguntó ella, extrañada.
—Ya lo creo. Tuvieron una violenta disputa. Fue cuando usted habÃa salido a almorzar. Yo no habÃa visto en mi vida a su tÃo tan furioso.
Elsa no se sorprendió mucho. Mister Tarn llevaba unos dÃas muy nervioso… y quizá fuera ella misma la causa de ello. Lo que sà le extrañaba era que Maurice discutiera con su jefe, porque Tarn y Amery apenas se conocÃan. HacÃa un mes escaso que Paul se habÃa hecho cargo de la dirección de la empresa, y apenas conocÃa el negocio.