El hombre siniestro
El hombre siniestro —¿Sigue usted pensando en marcharse el sábado, miss Marlowe? —preguntó Paul Amery.
—SÃ, mayor Amery —respondió la muchacha.
—Le será muy difÃcil encontrar empleo. ¿No podrÃa usted vencer su repugnancia y seguir trabajando para mà durante otra semana todavÃa?
La muchacha dudó un instante, y luego dijo :
—Temo que no, mayor Amery. ¿Por qué no nombra secretaria a miss Dame?
—¡Oh, ella no servirÃa! —repuso el mayor brevemente.
A las cuatro y media, la mujer que cuidaba del piso trajo, como de costumbre, dos bandejas con sendos servicios de té, dejando una de ellas sobre la mesa del mayor Amery. Éste destapó la tetera y olió el contenido, cosa que Elsa habÃa observado que él hacÃa siempre. La muchacha sonrió, y su jefe comentó:
—¿La divierte esto, miss Marlowe? Pues verá, le voy a enseñar algo que la divertirá más aún.
Se sacó de un bolsillo una pequeña caja, la abrió y extrajo de ella una tira de papel azul, que mojó en la leche. Cuando lo retiró, el papel se habÃa vuelto de color rojo.
—Espere usted aún —añadió.
Vertió té en la taza, y esta vez extrajo de la cajita una tira de papel de color de rosa.
