El hombre siniestro
El hombre siniestro —Miss Marlowe, hace mucho tiempo que yo no mato a nadie, a propósito, desde luego. Hace unos años, sÃ, maté a varios chinos que habÃan asesinado a mi padre. Les corté el cuello a todos.
—No sé por qué le pregunto eso —dijo Elsa, como si hablara consigo misma.
—Una curiosidad tonta, si usted me permite la frase —dijo el chino—. Si yo hubiera matado a mi antecesor en este puesto, no estarÃa ahora aquÃ. Por muy licenciado en ciencias que sea, le ahorcan a uno cuando no puede demostrar su inocencia.
Elsa salió del despacho humillada y confundida. Luego, pensando que el chino lo harÃa, decidió contar al mayor Amery la conversación que habÃa sostenido con Feng Ho.
—Usted sigue creyendo que el chino estaba en el despacho de mister Tarn cuando le mataron, ¿no es asÃ, mister Marlowe? —preguntó Amery.
—¡Oh, estoy completamente segura de ello! —respondió la muchacha.
—¿Y sigue usted sin avisar a la policÃa? —preguntó Amery con énfasis—. Porque la policÃa sólo sospecha del chino a causa del sombrero que encontraron en el lugar del crimen. Por eso le han llamado a declarar. El agente que estaba en la calle le vio huir.
—¿Y usted también le vio? —dijo la muchacha en tono acusador.