El hombre siniestro
El hombre siniestro —¿Está usted segura de que es a su hermano polÃtico y no a mà a quien quiere ver ese señor?
—No, no. Él ha dicho que quiere ver a mi cuñado Ralph. Usted, mister Tupperwill, ¿quiere venir a ver mis fotos?
El banquero se alegró de ir a ver de nuevo a Elsa, a la que habÃa estado mirando constantemente durante la comida, y salió detrás de la dueña de la casa.
Poco después entraba en la habitación Bickerson, cerrando la puerta tras de sÃ.
—¿Qué hay, amigo Bickerson? ¿Se ha descubierto algo?
—SÃ, algo se ha descubierto —respondió el detective, sentándose en la silla donde habÃa estado el banquero—. Verá usted. Al fondo de jardÃn de Elgin Crescent, entre un grupo de arbustos, se ha encontrado esto esta mañana.
Extrajo de un bolsillo un pequeño frasco con una etiqueta encarnada, y lo puso sobre la mesa. El doctor lo examinó frunciendo levemente el ceño, mientras el otro decÃa: