El hombre siniestro
El hombre siniestro —Cuando se encontró, contenÃa cuatro dracmas de tintura de opio. o. como se dice en términos médicos, láudano. Este láudano fue comprado a un droguero de Piccadilly el dÃa antes del crimen. Hemos encontrado la tienda. Y en ella, en el libro de registro, el nombre de usted como el doctor que recetó el veneno, mister Hallam. Y aún le voy a decir algo más, amigo mÃo…
Hizo una leve pausa, como para subrayar la importancia de lo que iba a añadir, y continuó:
—FÃjese bien en esto: parte de la prueba médica fue suprimida durante la vista de la causa, a petición mÃa. Me refiero al detalle de que en la autopsia del cadáver de mister Tara se descubrió láudano en el estómago de la vÃctima, y al de que la botella que contenÃa el coñac y estaba junto al muerto estaba asimismo envenenada con láudano, quiero decir que el coñac estaba mezclado con láudano, a una dosis muy fuerte. Vaya usted pensando ahora lo que ha de decirnos, pero le advierto que cualquier palabra que usted diga puede volverse en contra suya. ¿Comprende?
—¡No! —respondió Hallam en tono duro—. ¡No le entiendo!
—Muy sencillo —terminó el detective—. Quiero decir que si llega el caso de que yo le acuse a usted de haber asesinado a mister Tara, debe tener pensado lo que ha de decir para defenderse.