El hombre siniestro

El hombre siniestro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

29. «Pax»

Ralph cogió el frasquito y lo examinó son riendo ligeramente. Luego dijo:

—¡Cierto! Es rigurosamente cierto. Yo mismo compré este frasquito de láudano en casa de Keppell, el droguero, y para mister Tara. Yo le había recetado el láudano porque sufría de insomnio. Seguramente fue a parar al jardín con la basura. ¿O es que ahora la policía cree que mister Tara murió envenenado con opio? Yo, en cambio, recuerdo un puñal con el mango negro.

—Bien, sí. Pero dígame esto: ¿usted piensa que mister Tara echó él mismo el láudano en el coñac?

—Yo no pienso nada. Lo único que hago es desestimar la idea de que yo intervine en el asesinato. Y déjeme que le diga que me ha extrañado que en el Tribunal, cuando usted declaró, no hiciera alusión alguna a la conversación que sostuvo con mister Tara la noche de autos.

El detective se sonrojó ligeramente y repuso:

—No había necesidad de ello. La conversación se sostuvo delante de usted, y se hizo en ella, como usted sabe, alusión a una tercera persona. Hubo muchas cosas que se callaron en la vista, mister Hallam; por ejemplo, yo juzgué oportuno no hacer constar que, dos horas antes de la muerte de Tarn, usted había estado en la casa…

—Con miss Marlowe —interrumpió al instante Hallam.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker