El hombre siniestro
El hombre siniestro —… Usted estaba en la casa y tuvo amplia oportunidad para envenenar con láudano el coñac de Tarn, sabiendo por experiencia que él beberÃa después de la cena, como tenÃa por costumbre.
—En ese caso —murmuró Hallam, sonriendo con sarcasmo—, usted sugiere que miss Marlowe serÃa cómplice mÃa en el envenenamiento, ¿no es asÃ? Le repito que mientras yo estuve en la casa, estuvo también miss Marlowe, y yo la dejé allà cuando me marché. Además, ¿para qué iba yo a envenenar a Tarn?
El detective pasó por alto esta pregunta y prosiguió:
—Verá usted, he interrogado muy detenidamente a miss Marlowe y sé perfectamente que ella le dejó a usted en el piso bajo, donde estaba el despacho, y subió a su habitación a hacer el equipaje. La muchacha habÃa pensado pasar la noche en casa de una amiga. Le dejó a usted solo durante diez minutos. En cuanto a la otra pregunta, voy a serle a usted completamente franco, amigo Hallam: tengo grandes motivos para sospechar que usted estaba asociado con mister Tarn en el negocio de las drogas. Si ello es asÃ, y usted pudo averiguar que mister Tarn me habÃa citado a mà para vernos aquella noche a las nueve, también pudo sospechar que Tarn pensaba acusarle a usted. Porque déjeme decirle también que no creo que usted comprara este láudano a petición del muerto.