El hombre siniestro
El hombre siniestro —¡Usted guárdela! —ordenó él, en tono casi irritado—. Si le ocurre algo…, si se encuentra en una situación penosa…, difÃcil…, entregue esa carta al doctor.
La joven no querÃa cogerla y protestó una vez más:
—No acabo de entenderle a usted, mister Amery. El doctor Hallam es uno de nuestros mejores amigos. Fue un gran amigo del pobre mister Tarn también.
—Escuche, miss Marlowe, yo soy enemigo de pedir favores a nadie; ahora le pido éste y me lo niega. ¡Vamos, no sea asà y coja esta carta!
Elsa vaciló de nuevo, pero al fin la cogió, murmurando:
—Todo esto me parece muy extraño y muy… misterioso; pero, en fin, si usted se empeña…
—Gracias, muchas gracias —dijo el mayor—. Y ahora, tome nota de algunas cartas que voy a dictarle. Primero, para nuestros amigos de América, del Departamento de PolicÃa de Cleveland. Tengo gran curiosidad por saber lo que ha sido de un cierto señor que está actualmente detenido. ¡Escriba esto!
Y se puso a dictarle:
«A mister John L. Territet. Jefe de PolicÃa de Cleveland. Ohio.