El hombre siniestro
El hombre siniestro »Señor: Ayer le cablegrafié rogándole fuera tan amable de informarme acerca de si el señor Philip Moropoulos…».
Elsa levantó de pronto la cabeza, comentando:
—¡Oh, mayor Amery! Me parece que yo conozco a esta persona; vamos, quiero decir que he leÃdo que este hombre habÃa sido detenido con motivo del tráfico de drogas, ¿verdad?
El mayor Amery asintió, y luego siguió dictando:
«… acerca de si el señor Philip Moropoulos, actualmente detenido en esa ciudad, es conocido por algún alias. Porque, por razones especiales, estoy procurando averiguar si ese individuo es el mismo que un tal…».
En ese momento llamaron a la puerta y entró una muchacha de las oficinas del piso de abajo, trayendo un cable en la mano, que entregó a Elsa. Ésta pasó el papel azul a su jefe, quien lo abrió y exclamó luego:
—¡Qué casualidad! No se moleste, miss Marlowe, en escribir esa carta.
Con gesto maquinal, le tendió el cable por encima de la mesa y la muchacha pudo leer:
«Amery y CompañÃa. — London.
»Vista causa contra Moropoulos. — Stop. —Probada su inocencia. — Stop. Puesto en libertad. — Stop. —Actualmente en viaje hacia Inglaterra.
»Jefe de PolicÃa».
Amery comentó, como si hablara consigo mismo: