El hombre siniestro
El hombre siniestro —Usted conocÃa a mi tÃo segundo, mister Bertram Amery ¿verdad?
—No mucho —respondió Elsa Marlowe—, Yo empecé a trabajar aquà meses antes de morir él y su tÃo apenas venÃa a la oficina.
Amery asintió, preguntando:
—Y ahora «el viejo» dirige los asuntos de la casa, ¿no?
Elsa pensando que «el viejo» debÃa de ser «su tÃo», respondió:
—Mister Tarn ha ayudado siempre a dirigir la empresa.
—¿Ah, s� ¿Mister Maurice Tarn? ¡Gracias, muchas gracias por su información!
Ya se dirigÃa hacia la puerta, cuando Amery le preguntó:
—¿Cuánto le paga a usted la Stanford Corporation…?
Elsa se detuvo y se quedó mirándole asombrada.
—¿La Stanford Corporation…? —repitió sin comprender—. ¿Qué quiere usted decir, mister Amery?
—¡Nada, nada! —respondió en tono evasivo—. Ya veo que no está usted enterada… ¡Puede usted marcharse!
Y la despidió con un gesto desdeñoso, que, por fortuna para ella, Elsa no vio.