El hombre siniestro
El hombre siniestro —Yo creo que se deben atender los cheques… sÃ, hemos de hacer honor a nuestra firma. SÃ, páguelos usted, a menos, claro está, que sean de sumas excesivas.
—Se lo pregunto, mister Tupperwill —dijo el contable—, porque precisamente hoy han traÃdo al banco un cheque de veinticinco mil libras, extendido y firmado por Stillman, y en la cuenta sólo hay cincuenta escasas. Mister Tupperwill se quedó lÃvido.