El hombre siniestro
El hombre siniestro Miss Marlowe habÃa estado varias veces a punto de romper la carta que le habÃa entregado el mayor Amery, pero no lo habÃa hecho porque, en el fondo, estaba convencida de que aquel hombre no le deseaba ningún mal. Lo que sà pensaba también la muchacha, a veces, era que Amery la estaba empleando a ella como pantalla para sus fines contra el doctor. Elsa no acababa de entender ciertas cosas. Y recordando lo de las drogas, se decÃa que aquello, si de verdad existÃa, era un vicio de gente rica, vicio que ella habÃa mirado siempre con desprecio.
Al llegar esa tarde al despacho, Elsa encontró a Amery furioso. Gritaba, pasaba por los despachos como una tromba, regañaba a todo el mundo, no encontraba nada a su gusto… Miss Dame dijo que le recordaba a los tiranos de las pelÃculas americanas.
Elsa se alegró aquella tarde de poder salir una hora más temprano que de costumbre porque querÃa recoger en el Hotel Palace su baúl y sus cosas, sobre todo su pequeño aparato de radio.
