El hombre siniestro
El hombre siniestro Mister Tupperwill recibió a la muchacha con gran alborozo y amabilidad y, después de saludarla paternalmente, le dijo:
—Tenemos que ir a Lothbury, amiga mÃa. Verá usted que el asunto para el que la he llamado es muy urgente.
Un coche estaba esperándoles, y Tupperwill la invitó a subir.
—Le advierto, mister Tupperwill —dijo la muchacha—, que dispongo de muy poco tiempo.
—No la molestaré ni un minuto más de lo necesario —repuso él con su mejor sonrisa.
Elsa vio a un chófer barbudo, sentado al volante. El hombre debÃa de tener ya órdenes, porque en cuanto hubieron subido, el coche partió como una bala en dirección a City Road.
En seguida el banquero dijo a Elsa:
—Escúcheme, miss Marlowe: el asunto para el que la he llamado es tan importante que no he querido que lo tratemos en el banco. Usted tiene una compañera de trabajo que se llama miss Dame, ¿no es cierto?
—En efecto, mister Tupperwill.
—SÃ, ¿verdad? ¡Bien! Escuche. Esa joven me fue presentada en cierta ocasión en mi banco. ¿Verdad que no le importarÃa que corriéramos esas cortinas?
