El hombre siniestro
El hombre siniestro El coche corrÃa ahora por las callejuelas estrechas y sucias de Islington, y mister Tupperwill murmuró impaciente:
—¡No me gusta esto! ¡No sé por qué nos trae este hombre por aquÃ! El chófer no tenÃa estas órdenes. Es que, ¿sabe usted?, es un chófer nuevo; que está a mi servicio. Y. la verdad, ahora veo peligros y asechanzas por todas partes… Desde la noche del incidente. ¿Recuerda usted, miss Marlowe?
—SÃ, sà —respondió Elsa, no menos impaciente—, Me acuerdo muy bien. No sé qué me decÃa usted de miss Dame.
—¡Ah, sÃ, es verdad! AsÃ, ¿usted no cree que miss Dame es inmensamente rica? Entonces, ¿es que me está engañando?
—¿Cómo engañándole? ¿Quiere usted decir que esa muchacha tiene algo que ver con el Banco Stebbing?
Mister Tupperwill no quiso contestar a esta pregunta, y volvió a hablar del chófer:
—¡No me gusta esto! Este hombre seguramente tenÃa intención de meter el coche en uno de esos almacenes que hemos dejado atrás… ¡Quién sabe si no pensaban secuestrarme, asesinarme! ¿Se rÃe usted, miss Marlowe? La juventud lo toma todo a risa, pero yo ya soy hombre maduro, y a mi edad las cosas se ven muy claras. ¡En fin, ya estamos cerca de las oficinas! Por suerte, el chófer ha vuelto hacia Wood Street.