El hombre siniestro
El hombre siniestro —QuerÃa verme para un asunto relacionado con miss Dame.
—Ya me lo figuraba.
—Pero, dÃgame, mayor Amery, ¿qué me habrÃa sucedido a mà si hubieran atentado contra la vida del banquero?
—¿A usted? —preguntó Amery, rompiendo el papel en el que habÃa estado escribiendo—, A usted, nada. Sólo el susto. ¿Cuándo piensa ir a tomar el té con miss Dame?
—¡Oh, no sé! No tengo gran interés en ir a esa casa.
—Vaya esta noche. El padre de esa chica le interesará.
—Usted le conoce, por lo visto. DÃgame una cosa, mayor Amery: ¿recuerda la noche en que agredieron al banquero?
—SÃ, me acuerdo muy bien.
—¿Y recuerda también que yo encontré el arma en el armario de usted, la porra aquella manchada de sangre?
—SÃ, también. ¿Y qué?
—¡Pues que fue usted el que le agredió!
—SÃ, fui yo —confesó el mayor—. Pero el golpe no iba dirigido contra él, sino contra otra persona. En fin, olvidémonos de aquello. ¿Cuándo irá a casa de Jessie Dame?