El hombre siniestro
El hombre siniestro —No sé si esta noche… Creo que no. En fin, ya veremos.
Pero poco después, Jessie apareció en el despacho, ya arreglada para marcharse, y le dijo a Elsa:
—Acabo de telefonear a papá y nos espera. Dice que tendrá muchÃsimo gusto en conocerla. De modo que se viene usted conmigo, sin ninguna excusa.
Miss Marlowe aceptó, pues, y al salir, miss Dame detuvo un taxi para que las llevara a su casa.
Los Dame vivÃan en un pequeño chalet en Ladbroke Grove, rodeado de jardÃn.
Elsa se dio cuenta en seguida, apenas entraron en la casa, de que su amiga vivÃa con mucho más lujo y confort de lo que ella habÃa creÃdo siempre. El salón a donde la hicieron pasar estaba amueblado con fastuosidad, y en toda la casa se veÃan detalles de riqueza y bienestar.
—Voy a avisar a papá —dijo Jessie.
Salió un instante y regresó con el señor calvo y regordete que miss Marlowe habÃa visto en el dancing con su compañera. A no ser por su calvicie absoluta, nadie habrÃa podido decir que era el padre de la muchacha.
—Encantado de conocerla, miss Marlowe. Venga por aquÃ, que verá la casa.