El hombre siniestro
El hombre siniestro La casa era digna de visitarse. Tenía tres pisos y un confort refinadísimo, donde no faltaba detalle. Mister Dame iba enseñando los aposentos con un orgullo bien merecido. Luego dijo:
—He querido instalar a mi hija con toda comodidad, y no creo que falte ningún detalle.
Elsa iba haciendo alabanzas sinceras, pues la casita era cómoda y alegre.
Luego le enseñaron el jardín, igualmente hermosísimo, y que tenía al fondo una especie de garaje con dos ventanas.
Cuando se acercaban allí, la puerta del garaje se abrió de pronto y en el umbral apareció un hombre limpiándose con una manga la frente sudorosa. Elsa frunció el ceño. El chófer, que les había visto también a su vez acercarse, volvió a entrar en el garaje y cerró la puerta de golpe.
Aquel hombre, el chófer de los Dame, ¡era el hombre barbudo y misterioso…, el asesino de Maurice Tarn!