El hombre siniestro

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42. El que firmaba los cheques

Mister Dame no pareció darse cuenta de lo ocurrido y Elsa preguntó:

—¿Ése es el garaje?

—Sí, miss Marlowe, es el garaje —respondió el dueño de la casa—. La entrada está en la otra calle. Tiene que venir aquí en verano, y verá mis rosales.

En este momento, les llamaron para el té, que ya estaba preparado, y volvieron a la casa. Elsa había podido rehacerse un poco.

Cuando estaban tomando el té, el dueño, de la casa preguntó a Elsa:

—¿Qué opinión le merece su jefe, querida? Jessie me dice que tiene un carácter insufrible. Yo le digo que se venga a casa y deje el trabajo, pero mi hija es muy obstinada y no quiere.

Miss Marlowe no quería discutir ni hablar del mayor Amery con nadie, y menos con un señor al que acababa de conocer; así que contestó con una evasiva, y luego preguntó:

—¿Tienen ustedes coche?

—No, pero pienso comprar uno. En realidad, hice construir ese garaje para ello, pero no lo usamos. Yo hace más de un año que no he entrado allí.

Jessie intervino, diciendo:


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