El hombre siniestro
El hombre siniestro —Papá dice que hasta que no tengamos el coche no quiere que nadie entre. Yo le digo que por qué no lo compra.
Jessie despidió a su amiga muy amablemente, acompañándola hasta el taxi.
—Venga usted por aquà con frecuencia, y tomaremos una taza de té. ¿Qué le ha parecido papá?
—Un señor muy amable y muy interesante.
El coche partió, mientras Jessie se quedaba diciendo:
—Supongo que va usted ahora a casa. ¡Debe de ser muy agradable vivir sola!
Cuando Jessie volvió al comedor, su padre estaba fumando un puro y le preguntó:
—AsÃ, ¿ésa es la muchacha?
—Ésa es —respondió Jessie—. ¿Por qué tenÃas tanto interés en conocerla, papá?
—¡Por lo que no te importa! —exclamó el padre ásperamente—. ¿Qué me has traÃdo hoy?
Jessie se sacó del bolsillo unas cuantas hojas de papel arrugado y se las entregó a su padre, quien preguntó en tono airado:
—¿Esto es todo?