El hombre siniestro
El hombre siniestro En la empresa Amery era costumbre inmemorial conceder a los empleados una hora y veinte minutos para ir a almorzar, y Elsa se alegró ese dÃa mucho de ello, porque habÃa pensado ir a consultar con el único hombre en el mundo que podÃa ayudarla a resolver sus problemas.
Al salir del despacho, a la una en punto, tomó un taxi y se hizo llevar a Cheapside apeándose en la calle de la Media Luna. Llamó a una puerta, y apareció un hombre de unos treinta años, de aspecto simpático, que exclamó con gran asombro:
—¡Qué grata sorpresa! ¡Miss Marlowe! Pero ¿qué ocurre en Amery para que la dejen a usted venir?
Pasaron a un pequeño comedor y sólo allà se decidió a hablar la muchacha.
—¡Siga usted comiendo, amigo mÃo! Yo no quiero nada, gracias. Sólo quiero hablarle…
El joven. Ralph Hallam ordenó a su criado que trajera algo para miss Marlowe, y luego dijo:
—¡Bien, amiga mÃa! ¡Cuénteme! La escucho. Le advierto que yo he almorzado ya.
Elsa conocÃa a Ralph Hallam desde muy niña, pues el joven frecuentaba la casa de Maurice y habÃan crecido juntos. Estudió medicina pero él mismo confesaba que no habÃa practicado desde que salió del hospital. Por suerte, disfrutaba de una buena renta que le habÃa dejado su madre.
