El hombre siniestro
El hombre siniestro De pronto vio a un hombre que pasaba por la calle, y gritó:
—¡Eh… socorro!
Pero el transeúnte, en lugar de prestarle ayuda, esgrimió un arma que relució en su mano, y gritó a su vez:
—¡Calle usted! ¡Si no calla, dispararé!
Elsa, atemorizada, se retiró hacia el fondo de la habitación, pero en aquel momento vio que llegaba un taxi y se detenÃa ante la casa. Tres hombres se apearon de él, y corrieron hacia la puerta.
—¡Gracias a Dios! —gimió la muchacha.
Se oyeron carreras, la luz brilló en el corredor, y una voz que le era familiar a Elsa dijo en tono imperioso:
—¡Quieto todo el mundo, si no quieren que les mande al otro barrio!
¡Era la voz del mayor Amery!
—¿Está usted ahÃ, Elsa? —preguntó en seguida la voz de su jefe.
—¡SÃ, mister Amery! ¡AquÃ!
—¿No le ha ocurrido nada?
—Afortunadamente, no. Y esos hombres, ¿se han ido?
—¡Han escapado por la ventana de la cocina, con ayuda de una cuerda! —respondió el mayor con rabia y sarcasmo.