El hombre siniestro
El hombre siniestro —Calma, calma, amiga mÃa… Siéntese. ¿Dice usted que se ha peleado con Amery? Ese hombre es el que ha venido de la India, ¿no?
Elsa asintió, contando a su amigo la escena que habÃa tenido lugar aquella mañana.
—¡El viejo villano! —murmuró Ralph, indignado—. ¿Y por qué esa idea de casarse, de pronto? ¡El solterón empedernido! Y, la verdad, ser ama de llaves en casa de ese viejo avaro no me parece una perspectiva muy halagüeña, querida Elsa.
—Piensa marcharse al extranjero —dijo la muchacha—. Por eso tiene prisa por casarse. ¡No debà haberle dicho a usted nada!
De todos modos, Elsa estaba segura de que el noble Hallam le guardarÃa el secreto.
—Naturalmente, usted no se casará con él, Elsa —dijo Ralph, sonriendo—. ¡Una flor de mayo no puede casarse con Papá Noel!
Elsa temió que el muchacho se le declarara también, y se estremeció ligeramente. SentÃa por Ralph una inmensa simpatÃa, pero como camarada, como amigo de la infancia y nada más. Por suerte, le oyó decir:
—¿Qué clase de hombre es ese mister Amery? ¿No estaba en el Servicio Civil?