El hombre siniestro

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49. La fuga

Elsa se movió y se dio un fuerte codazo contra la pared, lo que la despertó. Entonces, aterrada, recordó todo lo ocurrido. ¡Paul Amery estaba prisionero de los gangsters…, la iban a matar… y él la amaba!

Entonces se levantó de la cama y caminando de puntillas se acercó a la puerta por la que se filtraban rendijas de luz.

Atisbó por la cerradura y vio una pequeña cocina.

Había sobre la mesa un hombre que dormía con la cabeza en los brazos, sobre la mesa, junto a una botella y un vaso. ¡Era mister Dame, el padre de Jessie!

Estuvo oyendo los ronquidos del hombre durante un rato, e intentó abrir la puerta para escapar; pero no pudo hacerlo, porque la cerradura o el candado eran fuertes. Hasta que, al poco, oyó ruido de pasos que se acercaban, y la voz de Jessie que decía:

—¡Papá! ¿Estás aquí?

Era Jessie Dame. ¿Era posible que la muchacha estuviera de acuerdo con aquellos gangsters?

Entonces la vio entrar y gimió a media voz:

—¡Jessie! ¡Por favor, ábrame!

—¿Quién hay aquí? —preguntó la otra, a media voz también y volviéndose rápidamente.

—¡Soy yo. Jessie! ¡Estoy aquí, en la despensa, encerrada! ¡Ábrame, por Dios!


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