El hombre siniestro
El hombre siniestro De pronto, Elsa se encontró sola. Miss Dame, que conocía mejor los alrededores, se había escondido. El borracho estaba a punto de alcanzarla cuando Elsa, que ahora llegaba a una calle más importante, iluminada, tuvo una visión que le llenó el alma de esperanza: era una de las patrullas de policía que recorren todo Londres por la noche. La muchacha corrió hacia ellos, y poco después caía desmayada en los brazos de un robusto agente, que la recibió con compasión creyendo que era una de las muchas hijas de la noche que pululan por la gran ciudad.
La pobre muchacha no recobró el conocimiento hasta la mañana siguiente, en que un sol de oro penetraba por los grandes ventanales del hospital a donde había sido llevada.